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Dinámicas sociolaborales de los inmigrantes afrodescendientes. La Sociedad caboverdeana de Dock Sud y sus alrededores

     El artículo analiza los procesos de inserción sociolaboral transitados por los inmigrantes caboverdeanos en Argentina y sus descendientes, hijos y nietos de los grupos arribados luego del fin de la segunda guerra mundial que acabó en 1945. Abordaremos los itinerarios de estos inmigrantes en un país que resaltó el componente blanco y homogéneo de su población desde que se conformó en nación. En este contexto, los inmigrantes de las islas de Cabo Verde adscribieron a identificaciones que destacaban su origen europeo como “portugueses”, desenfatizando su ascendencia africana, y se mantuvieron conglomerados en Dock Sud, ámbito en donde muchos obtuvieron empleo...


... En segundo lugar reseñaremos los derroteros transitados por las segundas y terceras generaciones, quienes al estar más dispersos que sus padres entablan relaciones abiertas con la sociedad general. Por último, reflexionaremos sobre el fenómeno de la discriminación racial que comienza a explicitarse en las segundas generaciones y se consolida en los jóvenes. Trabajaremos con trayectorias individuales, fragmentos biográficos y entrevistas realizadas a estos grupos. El objetivo será el de comparar cambios y continuidades a través del tiempo.

Palabras claves: Dinámicas sociolaborales; Crisol de razas; Generaciones de inmigrantes; Discriminación racial.

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María Cecilia Martino

Doctoranda en Antropología social

Universidad de Buenos Aires, FFyL. CONICET

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Dinámicas sociolaborales de los inmigrantes afrodescendientes.

La Sociedad (1) caboverdeana de Dock Sud y sus alrededores

 

Introducción

          Cabo Verde es un archipiélago de origen volcánico conformado por diez islas y ocho islotes ubicados en la costa occidental africana a la altura de Senegal. Las islas se independizan de Portugal en el año 1976, luego de un período de extenso dominio. Las difíciles condiciones climáticas del archipiélago combinadas a las políticas impuestas por el régimen colonial portugués, generó que sus pobladores adoptaran la emigración como su principal estrategia. (Contarino Sparta, 2006)(2). Debido a este proceso de huidas masivas, muchos de ellos se dispersaron por diferentes lugares del mundo (3), adquiriendo estas migraciones el carácter de una diáspora.

 

I. La llegada a la Argentina: una contextualización

A. Trabajo y estrategias de inserción social de los inmigrantes caboverdeanos

          La llegada de caboverdeanos al país tuvo distintas intensidades, desde finales del sigloXIX. Se pueden distinguir tres momentos principales: el primero en los años 1920; el segundo entre los años 1927 y 1933; hasta llegar al tercer momento, de 1946 en adelante, que decrece en número hacia 1960 (Maffia, 1994: 82). De estos tres períodos nos detendremos en la última fase, posterior a 1945 cuando se registró un mayor número (4) de caboverdeanos llegando desde las islas al país.

Poco numerosos (5) por compararlos con los inmigrantes de otras regiones, arribaron principalmente desde las islas de São Vicente y Santo Antão, aquellas que en tanto metrópolis habían experimentado un mayor nivel de mestizaje. Algunos de ellos llegaron con pasaporte portugués aunque la gran mayoría lo hizo como polizón (6), de manera clandestina. Desde 1880 Argentina construía una autoimagen de país “blanco y europeo” mediante políticas migratorias aperturistas que “[…] alejaba al país racial y culturalmente del resto de Latinoamérica acercándolo al tan mentado progreso” (Geler,  2010:17).

En este período, sin embargo, arribaron inmigrantes provenientes del continente africano, los caboverdeanos. El contexto local coadyuvó a que éstos, en especial los que llegaron en las primeras etapas, optaran por identificarse como “portugueses”, aunque éstas variaban de acuerdo al contexto. En 1960, como resultado del proceso de independencia en gestación en Cabo Verde se reavivan las discusiones al interior de la comunidad (7), entre grupos de ancianos más identificados con los portugueses, y los grupos más jóvenes, vinculados a los ideales independentistas que comenzaban a autodenominarse como caboverdeanos y africanos.

Los primeros inmigrantes de Cabo Verde se fueron estableciendo en áreas portuarias. Como otros grupos migratorios, aprovecharon los vínculos establecidos por las camadas anteriores, compuestas de familiares y amigos que facilitaban información a los recién llegados sobre mecanismos concretos de acceso al empleo (Devoto, 2007: 534). La gran mayoría trabajó en el área de la navegación y se estableció en Dock Sud y Ensenada, localidades portuarias del gran Buenos Aires (8). Allí actualmente se ubican las dos instituciones más importantes que nuclearon inmigrantes caboverdeanos en Argentina. La  Sociedad caboverdeana de Ensenada (1927) y la Sociedad de Socorros Mutuos de Dock Sud “Unión caboverdeana” (1930) sobre la que centraremos este trabajo. La presencia de “el mar” como elemento de identificación a nivel individual y colectivo (Maffia, 2010:243) determinó junto con el ámbito de inserción laboral, su identificación como comunidad de navegantes.

Desde finales del siglo XIX, Dock Sud, localizada en la ribera del río de La Plata, se conformó en un polo industrial y productivo de gran importancia. Zona de frigoríficos e industrias con motivo de su cercanía al puerto, que se iba conformando en el eje económico de la nación. Aquí muchos hombres caboverdeanos recién llegados obtuvieron sus primeros empleos. Aunque diversas, las tareas realizadas a bordo tuvieron por común denominador la permanencia por largos períodos de tiempo fuera de sus hogares y, se desempeñaron como pescadores, estibadores, cocineros, mozos, entre otros con duras condiciones laborales, en algunos casos. (De liboreiro, 2001:51). Algunos se emplearon en la Marina Mercante y en la Marina de Guerra así como en compañías comerciales que transportaban carnes y cereales a Europa.

Escapando de condiciones extremas por falta de trabajo y alimentos, los inmigrantes de Cabo Verde arribaron a Argentina cuando las fuentes laborales eran variadas. La década de 1940-1950, segunda época de nuestra investigación, el país experimentaba una mayor producción industrial. El modelo del intervencionismo estatal y la industria sustitutiva de importaciones implementado desde 1930 fue profundizado durante el primer gobierno peronista (1946-1952), en respuesta a las sucesivas crisis provocadas por el contexto bélico mundial. A finales de los años 1940 y principio de 1950 el peronismo expandió industrias tales como Anglo, la refinería Shell Mex, que aumentaron las fuentes de trabajo en la zona (op. cit. 2006). En tierra firme, trabajaron en astilleros así como en otros trabajos industriales subalternos.

En relación a los empleos relacionados a la marinería, en 1940 el Instituto Argentino para la Promoción e Intercambio (IAPI), organismo regulador del comercio exterior y el desarrollo industrial ordena la construcción de tres buques: Eva Perón, Presidente Perón y 17 de octubre para participar de la exportación de carne al exterior. El buque Eva Perón será el que más tarde  se fusione con la empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA) (9) en donde se emplearon varios hombres de origen caboverdeano. Por su parte las mujeres se emplearon mayormente en el sector doméstico y algunas lo hicieron en fábricas de la zona; otras finalmente se dedicaron al trabajo doméstico, no remunerado, en sus propias casas.

Desde 1880 las políticas migratorias de “matriz utilitaria” y desarrollista, brindaron un marco “amplio y garantista” (10) que desde hacía décadas, había garantizado la inserción laboral a una gran masa de inmigrantes (11) (Pacceca, 2002: 20).Estas condiciones comparativamente favorables fomentaron y reactualizaron en los inmigrantes un imaginario vigente desde comienzos del siglo XX. Este imaginario hizo de la Argentina un país “abierto y sin discriminación”, sintetizado en el mito del crisol de razas. Este crisol tuvo el efecto de licuar los diversos orígenes de aquellos grupos heterogéneos en una única nacionalidad reconocible, la que refería a la “fusión de las razas europeas” (Grimson, 2003, et al.)(12). Durante el gobierno peronista, el mito del crisol de razas sirvió para expresar la idea de unidad nacional en un país habitado por personas de diferentes orígenes.

 

B.Las representaciones de Dock Sud como un crisol de razas

“Aquí en Argentina hubo crisol de razas” [Roberto, inmigrante caboverdeano de la isla São Vicente, 75 años]

Varias referencias hacen de Dock Sud un ámbito en el cual el “crisol de razas” dio sus frutos más permanentes. Barrio portuario desde sus inicios, recibió a una variedad de grupos inmigrantes de diversas naciones (13) asentadas en esta localidad que iba tomando forma a medida que se instalaban las industrias. El Docke supo condensar, a nivel simbólico y emotivo, las representaciones que hicieron de Argentina un país de “brazos abiertos”, “aluvial, portuario y cosmopolita” que, tras el éxito de la “convivencia pacífica” entre sus diversas culturas, llevaría a cabo el tan mentado  “progreso”. Estos temas estuvieron reunidos en la metáfora del “crisol de razas” que, como representación colectiva, “ganó terreno hasta convertirse en el sentido común de la sociedad argentina y en un valor positivo en sí mismo” (Jmelnizky, 2003: 40), sirviendo de modelo en las relaciones cotidianas y articulándose a una serie de discursos populares. Como explica Livio Sansone para el caso de Brasil “[…] la democracia racial, lejos de ser una situación concreta de la  sociedad contemporánea, es transformada en un valor, un sueño de una sociedad mejor, más justa y menos discriminatoria, en la cual ̏ todos sean gente˝ ”(14) (Sansone, 2007:83)

Una charla mantenida con la hija de los primeros caboverdeanos de primera generación nos acerca un relato referente a esta idea de la convivencia entre múltiples migrantes. Pía nos dice:

“…al convivir así como lo hacíamos nosotros en Dock Sud, con todo el entorno caboverdeano, yo tengo mis amigas argentinas todas hijas de distintas colectividades. Porque en Dock Sud convivían polacos, checoslovacos, italianos, españoles, judíos y alemanes, árabes, franceses se veían muy poco […]. Mi papá jugaba a las cartas con un árabe, […]. Era un amigo de él. La gente que para nosotros eran los extranjeros o extraños era la gente autóctona de acá, que llegó con la segunda presidencia de Perón, que trajo mucha gente para votar con los trenes gratis. Mucha de esa gente se quedó. Yo iba al colegio estatal. La mayoría de mis amigas iba a ese dichoso colegio Cristo Rey. Todos los italianos estaban metidos ahí. Después estaba el colegio alemán a la vuelta de la Sociedad. Ahí también iban chicos que no lo eran” (Pía, 67 años, 2010).

La convivencia con los vecinos del barrio, en un contexto de relativa pobreza estimuló la progresiva imbricación social de los inmigrantes en relaciones más amplias e inclusivas. Diferente estatus se dio a los “autóctonos” (15) quienes eran percibidos como los verdaderos “extranjeros” y “extraños” y quedaban afuera de esta suerte de “alquimia social” que habría fundido a las diferentes razas llegadas desde Europa.  (Frigerio, 2010:5). Tales relaciones, por momentos, vinculaban e integraban a los grupos en redes sociales interculturales (16). Sus identidades particulares, sin embargo, lejos de diluirse, permanecían marcadas en clara alusión a su origen étnico: las referencias a “el árabe”, “los italianos” y “alemanes”, más que expresar una idea de “fusión” se acercaría, en el contexto local de Dock Sud, a la representación de una comunidad barrial cuyos múltiples orígenes permanecían marcados en el contexto local. El relato del “crisol de razas” sufría algunas transformaciones a nivel nacional, más amplio.  En ese ámbito prevalecía la noción de “fusión” en la cual “todas las personas marcadas étnicamente fueron convocadas a desplazarse de sus categorías de origen para, a partir de entonces, ejercer la nacionalidad” (Segato, 2007: 58).

Algo similar sucede al constatar las uniones conyugales. Los caboverdeanos recién llegados entablan relaciones con personas de su mismo origen étnico, sin mezclarse. “En esa época se decía que se cortaba la raza” cuenta Natalia, nieta de caboverdeanos (Natalia, 30 años, 2011). Son los hijos nacidos en el país quienes comienzan a unirse con personas no caboverdeanas, modificando esta tendencia.

Como señala Geler (2010) (17), las generaciones sucesivas a las del asentamiento inicial, comienzan a “extenderse” del ámbito en donde se asentaban sus padres y/o abuelos recién llegados al país. Con el correr del tiempo, las mudanzas de muchos hijos y nietos hacia localidades aledañas a Dock Sud (18) inician lentos cambios hacia una mayor dispersión espacial. Estas marcarán de manera más profunda las diferencias internas gestadas desde épocas anteriores en la colectividad, debido a movilidad social alcanzada  por sus diferentes miembros.

 

II. Segundas y terceras generaciones: cambios y continuidades

           Las trayectorias de los hijos y nietos, nacidos entre 1950 y 1990, deben comprenderse en el contexto del proceso de apertura llevado a cabo por los grupos que llegaron como inmigrantes al país. Caracterizo a este proceso como resultado de dos situaciones interconectadas. Por un lado, las mudanzas hacia localidades cercanas a Dock Sud, y por el otro, el aumento de los matrimonios con personas no pertenecientes al mismo origen étnico, como resultado de la mayor dispersión del grupo.

La generación de “argentinos-caboverdeanos” (19) nacidos en el país desarrolló otros vínculos personales con la sociedad local. Sus padres llegaron como inmigrantes caboverdeanos y portugueses configurando estas identificaciones en el contexto pluriétnico y acotado del barrio. Sus hijos, en contados casos, comienzan a adscribir de manera más explícita a una identidad “caboverdeana africana” mientras que otros se reconocen simplemente como “argentinos hijos de caboverdeanos” sin enfatizar otro origen. Pasada una generación, los nietos afianzan la identificación con sus orígenes africanos adoptando una postura de mayor activismo (20).

Como mencionamos antes, los hijos de la segunda generación son quienes comienzan a buscar pareja entre mujeres no caboverdeanas. Por un lado la dispersión espacial coadyuvó a que disminuyera la posibilidad de socializar entre paisanos, relajando los lazos intracomunitarios. Es importante señalar un mayor deseo de “asimilación” a la sociedad local. La antropóloga Marta Maffia explica y contextualiza este proceso como relacionado a una “estrategia práctica de invisibilización” generada por un “hábitus cuyo principio organizador es que hay que blanquearse para invisibilizarse, surgido de las experiencias procesadas en Cabo Verde, y vinculadas a la negación de la africanidad y la negritud” (Maffia, 2010: 273, énfasis de la autora) que lleva a los descendientes a intentar adaptarse en el país tornando borrosos sus vínculos con su origen africano. En este contexto puede pensarse el mayor alejamiento de la institución relatado por muchos de los entrevistados.

Como señala José:

J: "Yo me crié escuchando música caboverdeana. Me crié yendo a Dock Sud. Me crié conociendo a los caboverdeanos. Y, ¿qué pasa? Durante muchos años me desvinculé. Aparecí ese día que me viste vos, hacia como diez años que no iba […] entonces, yo ahora estoy tratando de que ellos [señala a sus dos hijos] empiecen a ir y ver cuáles son sus raíces […].Además ya van a empezar las preguntas y las vamos a contestar. Vamos a ver si pueden aprender. Estuve averiguando a ver si alguien enseña a hablar creol". (José: 45 años, 2010)

Esto mismo pudo haber sucedido con el uso del creol (21). Alejados por edad de las tradiciones de sus padres, los hijos no lo hablan, aunque lo entienden. Si bien este continuó hablándose en el ámbito institucional-comunitario de la Sociedad de Dock Sud, entre el grupo de hombres mayores, no fue transmitido a los hijos, prohibiendo en algunos casos su enseñanza. La escuela, con su impulso fuertemente homogeneizador coadyuvó al poco interés por un idioma que los jóvenes no necesitaban aprender para manejarse en Argentina (22).

Con respecto a los trabajos realizados, las trayectorias se diversifican y discontinúan. En un contexto de reestructuración económica, el cierre de las industrias provocó cambios en las dinámicas laborales. En la década de 1970 en plena dictadura militar, el contexto de profundas críticas al Estado de Bienestar de décadas anteriores coadyuvó a forjar una ideología de desprestigio hacia las políticas estatales intervencionistas. Esto sentó las bases para la aplicación de medidas centradas al fortalecimiento del sector financiero, la apertura y el endeudamiento (Romero, 1994: 297). Estas estrategias se afianzan en la década de 1980 y 1999, período en el que se consolido el neoliberalismo en Latinoamérica y Argentina. Por ello, comenzaron a implementarse medidas de ajuste y de restricción de las inversiones en los sectores de la salud, la educación, la infraestructura pública, llevadas a cabo a través de las privatizaciones; tal fue el caso de los ferrocarriles, las jubilaciones, los servicios públicos y los recursos energéticos (James, et. al).  En este momento también se disuelve la Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA), en donde se habían empleado muchos hombres de Cabo Verde, y se privatiza YPF (Yacimiento Petrolíferos Fiscales) que tenía su propia flota ubicada en la localidad de Ensenada, en donde reside la otra institución comunitaria que nuclea inmigrantes caboverdeanos. Localidades como Dock Sud, que antaño estuvieron caracterizadas por su desarrollo industrial quedaron relegadas como áreas marginales.

Las trayectorias, por lo tanto, están influenciadas por este contexto, que provoca una marcada disminución de los empleos en el ámbito de la navegación. A partir de las segundas generaciones, en las trayectorias familiares analizadas (23) se registran empleos en diversos servicios de transporte público, en el sector comercial y en oficios que requieren un mayor nivel de especialización como técnicos electrónicos y técnicos en sistemas. En relación a los trabajos más tradicionales, sólo tres de los varones entrevistados, se emplearon en trabajos relacionados a la navegación.

El primer caso es el de Roberto (52 años) quien estuvo empleado como auxiliar de máquina en  ELMA luego de hacer un curso y gracias a la ayuda de un tío que como mayordomo de abordo le consiguió el empleo. Trabajó en la empresa siete años hasta que le dan su retiro voluntario en 1992 (24), por lo que decide volver a su trabajo previo como pintor y empapelador.

El siguiente, José (45 años) comenzó a trabajar a la edad de doce años como aprendiz en una fábrica y haciendo changas como cadete. El padre de José también trabajó en ELMA. En una ocasión lo lleva siendo él muy joven en los viajes que realizaba rutinariamente. En ese viaje José decide no ser navegante en el futuro. En la actualidad José es remisero.

José nos dice:

“La mayoría navegaba. En una u otra empresa o con un cargo o en otro, pero todos navegaban. Con los hijos se cortó […]. Navegando no sé si habrá dos o tres. Yo por ejemplo fui a sacar la libreta de embarque. Lo que pasa es que hice un viaje con mi papá cuando tenía 14 años […] estuve dos meses y medio navegando y me arrepentí […]. La mayoría trabajaba en la carga y descarga(25) como mi viejo o en petroleros, mi padrino por ejemplo murió en un petrolero. Los hijos por ejemplo adoptamos costumbres totalmente distintas”. (José, 45 años, 2010)

El tercer caso es el de Luis (47 años) quien trabaja actualmente como conductor naval y remolcador en el puerto de Rosario y realiza el mismo trabajo que había hecho su padre. De los nietos, sin embargo no pudimos constatar hasta ahora ningún empleo en el área de la navegación.

Estos tres casos son un ejemplo del proceso de diversificación laboral que se acentúa en las “segundas generaciones”. Los factores condicionantes de este proceso están conectados a variables económicas y sociales. Como ya explicitamos, el cierre de empresas vinculadas a la navegación y el mayor espectro laboral al que los hijos de los inmigrantes comienzan a tener acceso. Es necesario remarcar que esta experiencia de inserción en una variedad de empleos no estuvo caracterizada por una movilidad social de tipo ascendente.  Con respecto a los trabajos de las mujeres, estos se generalizan en diversas áreas: empleadas administrativas, enfermeras y docentes. A diferencia de sus madres se abren paso a otras opciones laborales y amplían sus expectativas de empleos. Todas las mujeres de segunda generación que fueron entrevistadas (26), tenían estudios secundarios finalizados, y en un caso estudios de nivel universitario. Recién en la tercera generación, hubo un acceso mayoritario a la capacitación profesional.

Esta apertura de horizontes, si bien tuvo sus beneficios, también conllevó dificultades. Es llamativo que en las entrevistas analizadas los relatos sobre situaciones de discriminación se acentúen y expliciten desde las segundas generaciones en adelante. Estos no son privativos del ámbito laboral sino que involucran una variedad de contextos y situaciones vividas: en la escuela, en el servicio militar obligatorio (27), en espacios públicos, en medios de transporte, en el trabajo y en el ámbito familiar (28). Si bien algunas de estas constituyen “áreas duras (29)” de racismo, en donde esperamos encontrar una mayor probabilidad de agresiones, en otros espacios más “leves” estas situaciones también se hacen presentes, aunque asuman un carácter más solapado. El perfil emergente de estos relatos nos invita a ofrecer algunas interpretaciones:

En primer lugar, asumimos que los ahora más ancianos experimentaban situaciones similares, pero las toleraban más que sus hijos. Como recién llegados, huían de un contexto de colonización que les permitió relativizar las situaciones sufridas en el país de destino. Por ello habrían desarrollado una “capa aislante” contra las situaciones de humillación de parte de otros grupos (Bourgois, 2010: 187) que si bien en las entrevistas no aparece mencionado se infiere a partir de comentarios secundarios (30).

En segundo lugar, los más jóvenes, nacidos en Argentina, al acceder a otros empleos, modifican sus expectativas integrándose en contextos menos reparados y en condiciones laborales de mayor competencia, tornándose en objeto de discriminación. El ámbito local cosmopolita del Docke, en el que las diferencias de clase no eran tan marcadas, ofreció un contexto conocido por sus habitantes. La metáfora del crisol de razas, apropiada por las personas en sus vidas cotidianas, coexistió con un lenguaje que minimizaba cotidianamente las diferencias (de clase, de color, de status) recreando por momentos contextos de interacción inter-racial. A su vez brindó un relato que enfatizó la convivencia pacífica entre todas las colectividades de inmigrantes allí asentadas. Por el contrario la ciudad, con su característico anonimato se presenta como un ámbito en el cual las burlas resultan más agresivas y frecuentes.

A su vez esta situación debe ser contextualizada en un momento en el cual la Sociedad caboverdeana de Dock Sud inicia una “nueva etapa” a partir de los años 1990, marcada por la llegada a la presidencia de la institución de Marisa, reconocida activista e hija de inmigrantes caboverdeanos, quien origina  una serie de cambios en la institución. En especial aquel que los entrevistados denominan como “etapa cultural” caracterizada por la mayor apertura a los grupos afroargentinos y afrodescendientes (31). Marisa fue quien  reavivó los temas antes velados en la institución como el racismo y la discriminación, quebrando la invisibilidad que habían tenido con las primeras generaciones llegadas al país.

 

Conclusión

          Los hijos y nietos de los inmigrantes caboverdeanos, han transitado cambios que marcan profundas discontinuidades con las generaciones anteriores. Los grupos que arribaron al país se insertaron en áreas relacionadas a la navegación y en otros trabajos fabriles en la localidad de Dock Sud que en ese momento conformaba un ámbito caracterizado por la presencia de múltiples grupos étnicos. En este contexto, los recién llegados socializaron con las otras comunidades involucrándose en relaciones más amplias e inclusivas, a su vez que se servían de la metáfora del “crisol de razas” para sostener estos nuevos vínculos con el menor grado de conflicto posible, a la vez que adscribían a una imagen de un país “abierto” y “sin discriminación” crecientemente homogéneo. En este proceso, a medida que afianzaban su identidad de inmigrantes borroneaban su vinculación con África. Por el contrario, los hijos comienzan  a mudarse del ámbito de Dock Sud tomando distancia de sus tradiciones, y a diversificar sus elecciones laborales abriéndose hacia nuevas posibilidades de trabajo y acrecentando sus expectativas. A su vez, amplían su margen de interacción y se tornan frecuentes los casamientos con personas no caboverdeanas. Esta mayor apertura con la sociedad en general, también conllevó dificultades, como las situaciones de discriminación que se hicieron más frecuentes y explícitas, en la medida que al transitar por otros ámbitos, en especial por la ciudad de Buenos Aires, traspasaban las barreras espaciales que se habían conformado con el paso del tiempo. Si bien actualmente las segundas generaciones se identifican como “argentinos hijos de caboverdeanos” intentando asimilarse a la sociedad local, otros comienzan a redescubrir vínculos con sus raíces “africanas” y a renovar los contactos con la institución caboverdeana, en algunos casos, asumiendo una postura de activismo. Esta tendencia se afirma con más fuerza en los nietos, la tercera generación.

 


Notas

(1) Hago referencia a la institución comunitaria cuyo nombre completo es: Sociedad de Socorros Mutuos “Unión caboverdeana”.

(2) Cabo Verde, descubierto por Portugal en el siglo XV fue convertido en un centro de tráfico esclavista dada la posición estratégica de las islas. Estas fueron pobladas por diferentes grupos étnicos traídos desde el occidente africano como esclavos, también habitaron colonos portugueses y africanos libres asociados a éstos. Entre los siglos XVIII y XIX la política colonial se recrudece y la explotación asume las características del trabajo forzado, situación que da lugar a los procesos de independencia de las décadas siguientes (Consultar Maffia, 2010; et. al.

(3) Desde el siglo XIX y como un proceso extendido durante la centuria siguiente, casi el 50% de la población del archipiélago se encontraba en el exterior. Los destinos más comunes, registrando diferentes niveles de intensidad según la época fueron: EEUU, Portugal, Holanda, en menor medida Italia y Francia; alrededor de 70.000 se establecieron en las ex colonias lusitanas del continente africano, Angola y Mozambique. (Contarino Sparta, 2006)

(4) En el período comprendido entre 1926-1940 entraron a Argentina un total de 314 inmigrantes caboverdeanos (75 %) (Maffia, 2010: 262). La obtención de cifras se dificulta ya que la mayor parte de los arribados en este momento vinieron como polizones y quienes llegaron con pasaporte lo hicieron como portugueses.

(5) Se calcula que los inmigrantes que llegaron desde Cabo Verde a Argentina no superan los 2.000 (Contarino Sparta, 2006: 48)

(6) polizón: sin documentos que acrediten ciudadanía caboverdeana.

(7) En 1970 se conforma en Argentina un Comité Regional Local del PAIGCV (Partido Africano por la Independencia de Guinea y Cabo Verde) que fue fundado en Cabo Verde por Amílcar Cabral (1956).  Este comité, autodenominado “juventud caboverdeana”, estuvo conformado por la mayoría de los inmigrantes que llegaron a Argentina alrededor de la década de 1940 y que a su vez ocuparían cargos en la comisión directiva de la Sociedad de Socorros Mutuos de Dock Sud.

(8)En términos generales, la mayor parte de los inmigrantes provenientes de Cabo Verde se estableció en áreas portuarias del país como el barrio de la Boca, en la ciudad de Buenos Aires, y en mayor medida en localidades cercanas como Dock Sud y Ensenada, esta última ubicada al noreste de la Ciudad de La Plata.

(9)ELMA fue una empresa naviera del Estado Argentino creada en 1960 dedicada a prestar servicios al comercio exterior hasta 1991. Entonces, el gobierno de C. Ménem  resolvió su disolución.

(10)Las políticas migratorias no se mantuvieron constantes hasta 1940. Desde 1914 se advierte la creciente presencia del Estado en la regulación de la corriente ultramarina, acentuando cada vez más el perfil restrictivo y selectivo. Más allá de estos cambios, significativos en relación al período, la normativa migratoria continuó orientando sus disposiciones selectivas dentro de la misma tradición desarrollista (Ver Biernat, 2007).

(11) F. Devoto señala que entre 1857 y 1960 los inmigrantes que llegaron a Argentina desde ultramar fueron unos 7.600.000 (Devoto, 2007:537).

(12)La narrativa del crisol de razas se constituyó en el discurso oficial que acompañó la construcción de la nación argentina. M. Margulis y M. Urresti argumentan que esta narrativa se caracterizó por la tensa convivencia entre dos ideas opuestas, por un lado en la necesidad de abandonar los vínculos con lo americano, lo mestizo y lo indígena; por otra parte imaginó “la constitución de una patria grande, un crisol de razas en el cual pudieran vivir y multiplicarse todos los hombres de buena voluntad” (Margulis y Urresti, 1999:13). Este doble discurso impregnó la imagen dominante de la sociedad argentina como “abierta y no discriminatoria” mientras generó que los comportamientos cargados de racismo aparecieran como vergonzantes tanto por quien los generara como por quien fuera objeto de ellos. De esta forma, se legitimó una práctica cotidiana que recurrió a la “ocultación, al eufemismo, al chiste o la racionalización de las formas de rechazo” (ibídem).

(13) Ucrania, Austria, Grecia, Gran Bretaña, Portugal,  Francia, Cabo Verde, Eslovenia, Italia, Suiza, Hungría, Alemania, Lituania, Rusia, Rumania, Polonia, Croacia, Turquía, España, Israel, entre otras.  Hacia 1940 una nueva corriente migratoria del interior del país se suma a estas anteriores oleadas que habían disminuido fuertemente luego de 1930. (James, 2010: 21)

(14) El autor critica las perspectivas que interpretan la adopción de estas metáforas en términos de una “falsa conciencia” (étnica) o como un “engaño impuesto de arriba hacia abajo a fin de ocultar el racismo” (Sansone, 2007:11)

(15) Desde 1930 y en paralelo al proceso de industrialización arriba mencionado, se produce un fenómeno de migraciones masivas provenientes del interior del país que se ubican en las localidades industriales periféricas a la Capital Federal, como Avellaneda y Dock Sud. Su notoria presencia provocó fuertes reacciones de racismo en varios sectores de la población argentina, y dio origen al mote racializador de “cabecita negra” que fue usado de manera despectiva para señalar a aquellos inmigrantes caracterizados por un color de piel oscura.

(16) Las situaciones de conflicto,  probablemente existentes entre grupos que comenzaban a tejer relaciones entre sí, pudieron atenuarse.

(17)L. Geler reconstruye el proceso de expansión y dispersión socio-espacial de los afroargentinos descendientes de esclavos en Buenos Aires, a finales del siglo XIX y comienzos de siglo XX.

(18) Según las trayectorias reconstruidas, la mayor parte de los descendientes de caboverdeanos residen en el Conurbano Bonaerense, en zonas cercanas a Dock Sud y al Sur del Gran Buenos Aires. Se pueden mencionar: Crucecita, Avellaneda, Gerli, Sarandí, Villa Domínico, Bernal, Quilmes, Ezeiza, entre otras. Un número menor continúa residiendo en Dock Sud y otros en la ciudad de Buenos Aires.

(19) Si bien optamos por esta forma de identificación, debemos tener en cuenta que los etnónimos utilizados son ampliamente variables al contexto de su utilización.

(20) Esta situación obedece a una coyuntura compleja,  más amplia, de la cual participan varios actores: por un lado, los grupos de activistas negros de diversos orígenes africanos que revalorizan sus raíces estableciendo reclamos de visibilidad y denuncia del racismo en un contexto en el que, instituciones estatales y agencias multilaterales de desarrollo, por primera vez, consideran sus demandas y financian diferentes proyectos. El más importante y reciente fue la inclusión de la pregunta sobre “afrodescendencia” en el último Censo Nacional de Población (2010) en el cual participaron grupos de activistas asociados al organismo estatal del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación y la Xenofobia) inaugurando diferencias y fricciones. Esta nueva coyuntura, en un marco de creciente reconocimiento, incentiva en los afrodescendientes un orgullo por sus orígenes fomentando la autoestima y el creciente interés en explorar su propia historia. Actualmente, si nos concentramos en los descendientes de caboverdeanos, son los hijos, y más aún los nietos quienes se han volcado a esa búsqueda realizando diferentes actividades en el área artística y académica. Se notan el difundido documental Afroargentinos (2007), diversos artículos académicos publicados por una reconocida activista hija de caboverdeanos, así como el grupo de danzas afro, recientemente conformado en la Sociedad caboverdeana. Dentro de los ritmos tradicionales de las islas, destacan aquellos menos conocidos y “africanizados” como el batuque, a diferencia de las mornas y las coladeras que tienen mayor influencia portuguesa.

(21) M. Maffia (2010) presenta el caso de otras colectividades caboverdeanas asentadas en Portugal en donde el uso del creol se mantuvo vigente entre algunos grupos de inmigrantes que se establecieron entre 1980 y 1990 en la zona de los suburbios. Se trata en ese caso de una migración con altas tasas de analfabetismo que no pudo aprender el idioma portugués (idioma oficial de Cabo Verde y dictado en las escuelas) y cuya situación determinó el fracaso escolar en Portugal, manteniéndose  más replegados al interior del grupo. Algunas asociaciones de caboverdeanos en EEUU mantienen pautas similares, en especial los que arribaron desde la isla de Fogo, una de las islas más africanizadas de Cabo Verde.

(22)Con los nietos se modifica lentamente esta tendencia ya que recientemente se han dictado cursos de creol para las generaciones nacidas en el país, para ello se convocó a un profesor que viajó desde Cabo Verde.

(23)La metodología utilizada constó de la realización de entrevistas abiertas y trayectorias individuales y familiares realizadas a diferentes personas de primera, segunda y tercera generación. En total se han entrevistado unas 40 personas. Por “primera generación” hago referencia al grupo arribado al país en 1940 en adelante, quienes en su mayor parte llegaron como polizones desde la isla de São Vicente y Santo Antão. Por “segunda y tercera generación”, refiero a los hijos y nietos de este grupo de inmigrantes. La definición de generaciones que utilizo enfatiza el factor histórico-temporal más que en la edad biológica de las personas. Tengo en cuenta a su vez, que la noción de generaciones forma parte de una categoría “nativa” asociada a factores de identificación social.

(24) Con motivo del cierre de la compañía arriba mencionado.

(25) Dentro de la variedad de oficios que forman parte del rubro de la marinería, los encargados de la carga y descarga de mercaderías ocupaban la base de la jerarquía.

(26) Actualmente estamos sistematizando información sobre el empleo femenino. En base a las entrevistas realizadas podemos señalar que las mujeres tuvieron desempeño laboral en actividades domésticas y en fábricas, y que progresivamente fueron diversificando sus empleos en sectores como el administrativo. Recién la “tercera generación” tuvo un acceso mayoritario a la capacitación profesional.

(27) Si bien el ex- presidente C. Ménem decretó el fin del servicio militar obligatorio en el año 1994,  mediante el decreto 1537, a raíz del asesinato del conscripto J. Omar Carrasco, muchos de los varones de segunda generación lo había realizado.

(28) En los casos en que accedimos a entrevistar a las parejas no caboverdeanas de los hijos de inmigrantes,  en especial a las mujeres, éstas nos relataron de los conflictos familiares suscitados cuando decidieron formar pareja con una persona negra y de los distintos obstáculos que tuvieron que sortear para lograr la aceptación familiar de sus esposos.

(29) L. Sansone (2007) señala que existen “áreas leves” y “duras” de racismo. Las primeras se dan en contextos y espacios “racialmente neutros” en donde ser negro no conlleva obstáculos, e incluso puede ser motivo de prestigio, estos ámbitos involucran las interacciones con el círculo social más íntimo como las reuniones en los bares, con los vecinos en la esquina, carnavales, etc. Por el contrario, las áreas o ámbitos “duros” de racismo, son espacios en los que éste se presenta de manera acentuada y explícita. El servicio militar obligatorio podría ser un ejemplo de estos espacios.

(30) Joaquín, (79 años) en el momento de la entrevista en la Sociedad caboverdeana, se privó de tomar una copa de vino ya que “si me hacen el test de alcohol y me ven [gestos de sus manos sobrevolando su rostro] así…extranjero, me van a molestar más”, esta extranjerización ha sido en ocasiones mencionada, tanto en relatos de ancianos como jóvenes.

(31) El concepto de afrodescendiente surgió en el año 2001 de las discusiones llevadas a cabo en la Conferencia Mundial contra el Racismo y la Xenofobia, en Durban, Sudáfrica, cuando “se intentó enfatizar más que el color de la piel y la palabra compuesta por dos naciones (afroargentinos, por ejemplo) la ascendencia/descendencia y el origen común”. (Geler, 2010:57). En Argentina, esta categoría se difundió a partir de la experiencia del censo del año 2010 cuando los grupos de activistas buscaban una noción lo más inclusiva posible para facilitar el reconocimiento de una cantidad heterogénea de grupos que reconocían esta ascendencia.

 

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Para citar este artículo:

Maria Cecilia Martino , «Dinámicas sociolaborales de los inmigrantes afrodescendientes. La Sociedad caboverdeana de Dock Sud y sus alrededores », RITA [en linea], n°5 : diciembre 2011, puesto en línea el 20 de diciembre de 2011. Disponible en línea http://www.revue-rita.com/traits-dunion98/dinamicas-sociolaborales-de-los-inmigrantes-afrodescendientes-la-sociedad-caboverdeana-de-dock-sud-y-sus-alrededores.html