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Mujeres indígenas amazónicas. Autorepresentación, agencialidad y resistencia frente a la ampliación de las fronteras extractivas
Amazonian indigenous women. Self resentation, agency and resistance to the expansion of extractive borders

 

Resumen
El artículo analiza la acción colectiva de mujeres lideresas que se autoidentifican como parte de las nacionalidades kichwa, sapara, waorani, shiwiar y shuar[1] y que durante el período gubernamental afín con el Socialismo del Siglo XXI en Latinoamérica (2007-2017) y el gobierno actual de retorno al neoliberalismo, han sostenido la resistencia al extractivismo en la Amazonía ecuatoriana. Partiendo de una mirada retrospectiva al papel que han tenido las mujeres en los procesos de movilización de las organizaciones indígenas frente al Estado y empresas transnacionales, en décadas previas, se visibiliza su protagonismo contemporáneo. Dentro del argumento principal del artículo, se discute si existe una feminización de sus luchas al incorporar reivindicaciones de género en sus propuestas político-organizativas.

Palabras clave: Extractivismo; Agencialidad; Mujeres indígenas; Amazonía.

 

Abstract
The article analyzes the collective action of women leaders who self-identify as part of the Kichwa, Sapara, Waorani, Shiwiar and Shuar nationalities and that during the government period aligned with the Socialism of the XXI Century in Latin America (2007-2017), and the current government that returns to neoliberalism, have sustained resistance to the deepening of extractivism in the Ecuadorian Amazon. Based on a retrospective look at the role that women have played in the processes of mobilization of indigenous organizations vis-à-vis the State and transnational corporations, in previous decades, their contemporary protagonism has become visible. Within the main argument of the article, we discusse if there is a feminization on their struggles, while gender claims are incorporated in their political-organizational proposals.

Key words: Extractivism; Agency; Indigenous women; Amazon.

 

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Andrea Bravo Aguilar 

Master en Estudios Socioambientales

 

Ivette Vallejo Real

Doctora en Ciencias Sociales
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales

 

Mujeres indígenas amazónicas. Autorepresentación, agencialidad y resistencia frente a la ampliación de las fronteras extractivas

Introducción

          Los procesos organizativos indígenas en la Amazonía ecuatoriana se fraguaron entre los años 60 y 70, fortaleciéndose más adelante entre las décadas de los 80 y fines de los 90. Durante la implementación de las políticas neoliberales de ajuste estructural y de privatizaciones (Favre, 2009) y en el tiempo que empresas transnacionales petroleras, penetraban fuertemente en la región con el aval del Estado, las organizaciones indígenas[2] formularon demandas de reconocimiento cultural, educación intercultural bilingüe, autodeterminación y titulación de territorios colectivos (Yashar, 2005).

Históricamente la exploración petrolera se concentró en la Amazonía norte (provincias de Sucumbíos, Napo y Orellana). No obstante, desde la década del noventa, a través de varias rondas de licitación petrolera, distintos gobiernos de turno intentaron ampliar las áreas de operación hacia el centro y sur amazónico (provincias de Pastaza y Morona Santiago), lo que se detuvo por una fuerte resistencia indígena en esas provincias.

En la provincia de Pastaza, a lo largo de los procesos organizativos y de reivindicaciones ante el Estado, la participación de las mujeres ha sido constante. En la marcha de 1992 denominada Allpmanda causaimanda Jatarishun (Por el territorio, por la vida, levantémonos) liderada por la Organización de Pueblos Indígenas de Pastaza (OPIP), las mujeres tuvieron una importante participación en logística y comisiones, y en exigir la titulación de territorios. En esa década, dentro de la estructura de la OPIP se conformó la Comisión de la Mujer, y en el pueblo Kichwa de Sarayaku se creó la Asociación de Mujeres Indígenas (AMIS), que articulada a la organización mixta efectuó capacitaciones en derechos indígenas a mujeres de comunidades de base (Zárate, 2002). En 1998, lideresas kichwa miembros de la OPIP participaron en la elaboración de la propuesta de moratoria ante la séptima y octava rondas de licitación petrolera (Ojeda, 2005). De 2003 a 2005, con la amenaza de concesión territorial por parte del Estado a la compañía petrolera CGC, las mujeres del pueblo kichwa de Sarayaku tuvieron un rol fundamental en impedir el ingreso de trabajadores petroleros y militares a su territorio. Además, estas mujeres fueron parte de la elaboración de la propuesta de zonas prioritarias de interés biológico, histórico y cultural a ser excluidas a perpetuidad para el extractivismo (Ojeda, 2005); y, más adelante participaron en audiencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la demanda interpuesta por su pueblo al Estado por haber permitido prospecciones en sus territorios, sin un proceso de consulta previa libre e informada.

En el marco de la VII Ronda petrolera de 1994, alrededor de 200 mujeres de las nacionalidades kichwa, sapara, shuar y achuar, denominadas sinchi warmikuna (mujeres fuertes), marcharon de Puyo a Quito, acompañadas por la ONG Acción Ecológica[3], avivando la consigna “fluye el petróleo, sangra la tierra”, y pancartas de “Pachamama: una marcha por la vida, por la selva, y el respeto a la identidad cultural de los pueblos indígenas. No a los petroleros”. Esta acción les convirtió en un símbolo de fuerza y resistencia (Sawyer, 2004). Con el paso al nuevo milenio, a medida que aumentaba la conflictividad con respecto al Estado y transnacionales, las mujeres participaron en bloqueos de carreteras poniendo el cuerpo en primera línea frente a militares y trabajadores de compañías petroleras, para frenar las prospecciones sísmicas (Ortiz, 2004).

Durante el gobierno de Rafael Correa (2007-2017) afín al Socialismo del Siglo XXI, se acentuó la amenaza de la ampliación de las fronteras extractivas sobre la Amazonía centro y sur, y se inauguró la minería a gran escala. Su sucesor en el gobierno, Lenin Moreno (2017 al presente), ha dado un giro hacia el neoliberalismo, manteniendo el extractivismo petrolero y minero como pilares para la atracción de inversión extranjera. Ante esto, lideresas amazónicas han sostenido la resistencia anti extractiva.

La finalidad de este artículo es profundizar en la acción colectiva de mujeres que se autoidentifican como kichwa, sapara, waorani, shiwiar y shuar en la defensa territorial, y dimensionar la integración de demandas de género a los procesos organizativos de sus pueblos. Nos guiamos por las interrogantes: ¿se experimenta actualmente un mayor protagonismo de las mujeres en los procesos organizativos en la Amazonía?, ¿qué nuevos contenidos y repertorios de acción colectiva incluyen en las agendas organizativas de defensa territorial?, ¿las mujeres indígenas en la Amazonía están feminizando sus procesos organizativos y luchas?

En el proceso investigativo[4] del que deviene este artículo, se utilizaron técnicas como entrevistas a profundidad con mujeres lideresas, observación participante en talleres, eventos y foros. Se revisaron medios de comunicación escrita, pronunciamientos y declaratorias de las mujeres e información que difunden en redes sociales. Además, en el 2018 realizamos tres talleres sobre Sumak Kawsay (Buen Vivir) y género con mujeres kichwa de Pastaza, de las cuencas del Bobonaza y Curaray, en colaboración con el Instituto Quichua de Biotecnología Sacha Supay (IQBSS)[5].

Dentro del argumento central del artículo sostenemos que las mujeres que se autoidentifican como kichwa, waorani, sapara, shiwiar y shuar y que se denominan Mujeres Defensoras de la Selva han alcanzado un alto protagonismo en la última década. En este proceso, las mujeres refuerzan la histórica defensa territorial efectuada por el movimiento indígena amazónico frente al extractivismo, pero incorporan a las agendas organizativas amazónicas el cuestionamiento a la patriarcalización[6] de los territorios y las violencias de género.

En cuanto a la estructura del artículo, en el primer acápite se presentan las orientaciones conceptuales, en el segundo se analiza la profundización extractiva acaecida en el gobierno del Socialismo del Siglo XXI y en el actual, en el tercero y cuarto se aborda la feminización de las luchas de defensa territorial, y al final se presentan conclusiones.

I. Orientaciones conceptuales

          El análisis e interpretación se efectúa desde la ecología política feminista en diálogo con el feminismo decolonial y comunitario, más abordajes sociológicos sobre la acción social propuestos por Tilly (1994) y Cefaï (2011).

La ecología política aborda las dinámicas de poder y las estructuras de desigualdad que median las relaciones humano-ambiente (Biersak, 2006; Hvalkof y Escobar, 1998). La naturaleza es objeto de disputas entre distintos actores por el control de recursos, así como por la legitimación de los significados y representaciones que se construyen en torno a ella (Álvarez, Dagnino y Escobar, 1998). La ecología política post-estructural toma interés por las agencialidades que se despliegan en las interacciones entre lo local, regional y global (Biersack, 2006), expresadas en formas de negociación, involucramiento, contestación o resistencia (Hvalkof, 2006), sin perder de vista constreñimientos estructurales impuestos por la dinámica del sistema-mundo capitalista.

La ecología política feminista considera que el género es una construcción social que condiciona el acceso y el control diferencial de hombres y mujeres a los recursos naturales. Coloca especial énfasis en los “procesos de toma de decisiones y el contexto económico, político y social que conforma las políticas y las prácticas ambientales” (Rocheleau, et al, 1996: 345), y en cómo las mujeres se configuran como sujetos políticos en las contiendas ambientales. Entra en sintonía con los feminismos decolonial y comunitario, que proponen que las experiencias coloniales y patriarcales forman una misma matriz estructuradora de jerarquías sociales. Desde estas perspectivas, se desestructura y des-universaliza el sujeto del feminismo hegemónico, al complejizar las opresiones no únicamente basadas en el género, sino también en la clase, raza y etnicidad. El feminismo comunitario, se ancla en lo colectivo, con énfasis en la lucha por defender el “territorio-cuerpo” de las mujeres, tanto como el “territorio-tierra” (Cabnal, 2010).

En el tratamiento de los movimientos sociales y la acción colectiva asumimos un enfoque atento a los contextos de experiencia de los actores, considerando que éstos no se guían exclusivamente por elecciones racionales (Cefaï, 2011). Los movimientos sociales son una forma compleja de acción que tienden a asegurar su continuidad en un tiempo y lugar determinados (Tilly, 1995). Tienen distinto estilo organizacional, lazos con otros miembros, normas discursivas y un ethos; además de ocupar lugares en arenas interorganizacionales.

Cefaï (2011) reconoce una multiposicionalidad en la acción colectiva, lo que conlleva a un pluralismo de perspectivas en una organización, apertura a ideas externas. Muchas veces se puede retomar estructuras previas de organización, así como reactivar saberes y símbolos. Puede haber entrecruzamientos de redes heterogéneas. Las movilizaciones colectivas en este sentido, remodelan campos de experiencia y horizontes de expectativas tanto públicos, como privados de los actores; pueden llevar a innovaciones jurídicas e institucionales. Se pueden crear “nuevos principios éticos, políticos o metafísicos (...) calificados como cosmopolíticos” (Cefaï, 2011: 162), siendo la acción colectiva susceptible de difusión de nuevas afectividades, sensibilidades, nuevos lenguajes y repertorios de argumentación y motivación basados en saberes locales y experiencias vividas.

Entraremos a continuación al contexto más reciente de profundización extractiva en la Amazonía ecuatoriana para explicitar el escenario de los procesos contemporáneos de agencialidad de las mujeres indígenas y la feminización de sus luchas.

II. Profundización extractiva: petróleo y minería a gran escala

          Entre 2007 y 2017, el gobierno de Rafael Correa propuso refundar el país sobre varios aspectos; entre ellos, el fortalecimiento del Estado para contrarrestar los efectos de décadas de neoliberalismo, el cambio de la matriz productiva y energética, que implicaba salir de una economía primario exportadora y dependiente, y la adopción de fuentes de energía alternativas a los combustibles fósiles; implementar el Sumak Kawsay (Buen Vivir) en la planeación nacional de la política pública. Dicho principio integrado a la Constitución (2008) se fundamenta en preceptos de pueblos indígenas basados en la procura de una relación armónica entre sociedad y naturaleza. A partir de esto, se esperaba que se viabilicen alternativas al desarrollo que permitan el tránsito del Ecuador hacia un post extractivismo (Acosta, 2011). En la práctica, el gobierno impuso con gran fuerza actividades extractivas petroleras y la mega minería (Burchardt et al, 2016) con la retórica de la construcción de una “Nueva Amazonía, libre de pobreza” (Vallejo, 2014). En el período Ecuador vivió un nuevo auge económico, en consonancia con el “boom de los commodities” de comienzos del siglo XXI (Peters, 2016) marcado por los precios altos de las materias primas.

El 28 de noviembre de 2012 se convocó la XI Ronda de licitaciones, que incluyó 16 bloques en las provincias de Napo, Pastaza y Morona Santiago. Con ello, tres millones de hectáreas de bosque tropical y siete nacionalidades indígenas (kichwa, shuar, achuar, shiwiar, andoa, sapara y waorani), se vieron afectadas. En agosto de 2012, la Subsecretaría de Hidrocarburos efectuó un proceso acelerado de consulta previa en los territorios a ser licitados y suscribió acuerdos con algunos dirigentes de organizaciones indígenas y juntas parroquiales para obras de desarrollo en áreas de influencia de los bloques. En la opinión de dirigentes de la CONAIE, la CONFENIAE, y ONG ecologistas (Fundación Pachamama y Acción Ecológica), el proceso de consulta previa fue inconstitucional, al no ceñirse a estándares internacionales de derechos de los pueblos indígenas (Vallejo, 2014)[7].

 

Imagen 1: Mapa XI Ronda petrolera

Fuente:https://quieroamazonia.files.wordpress.com/2013/11/nueva-ronda-petrolera-oct-2012.jpg Consultado el 20 de marzo de 2019.

A fines de 2008 el gobierno también impulsó la minería a gran escala en la Amazonía sur (Provincias de Morona Santiago y Zamora Chinchipe), como estrategia para una economía post-petrolera (Lalander y Ospina, 2012). En 2009 se configuró un marco normativo para atraer inversión extranjera y en el 2013 se flexibilizó los requisitos previamente fijados y lo establecido en la Constitución[8] para volver más atractiva la inversión y acelerar licenciamientos ambientales. Actualmente, tres mega-proyectos se encuentran en marcha (Panantza San Carlos, Mirador y Fruta del Norte), los cuales afectan a comunidades shuar y campesinas, sometidas a procesos de despojo y a la militarización de sus territorios.

 

Imagen 2: Mapa de conceciones mineras

Fuente: https://ecuadorendangered.com/wp-content/uploads/2018/01/RIC-Mapping-Report-v1.1-20180117-esp.pdf Consultado el 20 de marzo de 2019.

En mayo de 2017, Lenin Moreno asumió la presidencia de Ecuador y pese a que ha intentado marcar distancias con el gobierno previo, estableciendo diálogos con el movimiento indígena, ha continuado con la política extractiva. En el segundo semestre del año 2018, el gobierno anunció una XII Ronda petrolera para la Amazonía centro y sur, y en octubre del mismo año, en el Encuentro Anual de Energía, Petróleo y Minas formalizó la licitación de los bloques petroleros 86 y 87, superpuestos a territorios kichwa, shiwiar, sapara y achuar y a la cabecera parroquial Río Tigre. Además del grupo Nashiño de pueblos indígenas aislados (ver Figura 3).

Imagen 3: XII Ronda petrolera

Fuente: Carlos Mazabanda, Amazon Watch 2018, com base a catastro petrolero MRNR,2014; Ecociencia 2013, IGM 2016

En el contexto descrito, mujeres de distintas nacionalidades y pueblos indígenas han asumido de forma protagónica la resistencia anti extractiva en sus territorios y se están consolidando cada vez más como actoras claves en la contienda política que enfrenta organizaciones indígenas-Estado-empresas transnacionales y estatales petroleras y mineras.

III. Las “Mujeres amazónicas defensoras de la selva”

Imagen 4: Mujeres Defensoras de la Selva.

Fuente: https://www.facebook.com/MujeresAmazonicasDefensoras/photos/p.816122405410850/816122405410850/?type=1&theater. Plaza Grande- Quito, 12 de marzo de 2018.

Desde el 2013, mujeres autoidentificadas con las nacionalidades kichwa, sapara, waorani, shiwiar y shuar, quienes se denominan Mujeres Defensoras de la Selva, sin separarse de las estructuras organizativas mixtas, comenzaron a cuestionar el debilitamiento organizativo de sus pueblos. Las mujeres rechazaron los acuerdos de inversión firmados por algunos líderes con el gobierno, efectuados en el contexto de la XI Ronda de licitaciones en el 2012, por no haber contado con el consentimiento de sus pueblos en procesos asamblearios, así como tampoco el de las organizaciones de mujeres. Desde la perspectiva de las mujeres, el silenciamiento de sus voces facilita la entrada de empresas extractivas en sus territorios. Las mujeres consideran que al estar relacionadas cotidianamente con los lugares del territorio donde manejan agroecosistemas, pescan y hacen recolección de productos del bosque para el sustento familiar, divisan los efectos nocivos que las empresas pueden generar

Es una posición que tenemos todas las mujeres, que no queremos petróleo, ni minería, ni las madereras, porque nosotras somos las que cultivamos, nos hacemos cargo de la selva, de la comida, de los hijos y de los ríos. Nosotros somos selva, río, somos árbol, delfín, y por eso nos damos cuenta que la tierra se está dañando (Entrevista Alicia Cawiya, lideresa waorani, 10/03/18) [9].

Las mujeres han fomentado espacios de articulación para cuestionar todo aquello que amenaza la sostenibilidad de la vida. Su propuesta integra la lucha histórica y cotidiana de los pueblos por la recuperación y la defensa del territorio, “como una garantía de espacio concreto territorial, donde se manifiesta la vida de los cuerpos” (Cabnal, 2010: 22). En sintonía con otras mujeres indígenas de América Latina (de Bolivia, Perú, Guatemala, Chile, México), perciben que viven afectadas por múltiples violencias: “sus cuerpos aún siguen expropiados” (Cabnal, 2010: 24); por lo que vislumbran la necesidad de enfrentar tanto la opresión histórica contra los cuerpos sexuados de las mujeres, su “cuerpo-territorio”, como la explotación capitalista hacia los “territorios-tierra” de sus pueblos.

A través de talleres organizados por las ONG Acción Ecológica, Fundación Pachamama[10] y el IQBSS, con tópicos relacionados con el extractivismo, cambio climático, territorio, violencia de género y liderazgo, las mujeres han accedido a información para la exigibilidad de sus derechos. Varias mujeres han visitado la Amazonía norte para visibilizar los impactos del extractivismo petrolero generados por la trasnacional Chevron Texaco. En el 2014, lideresas amazónicas visitaron a mujeres campesinas en La Oroya y Cerro de Pasco en Perú, visibilizando las afectaciones ambientales y sociales de la minería a cielo abierto.

Las lideresas amazónicas han construido alianzas con ONGs internacionales y activistas de derechos de los pueblos indígenas que abordan problemáticas como el cambio climático[11]. Han participado a nivel internacional en el Foro Social Mundial, Foro Permanente de Asuntos Indígenas en la sede de ONU en Nueva York, las Conferencias Marco sobre Cambio Climático en distintos países y en eventos globales del Sistema de Naciones Unidas sobre derechos indígenas y de las mujeres.

Con estas capacitaciones, las mujeres están luchando. Ya no están con ese ánimo de antes, ahora están más animosas para luchar sus defensas territoriales. Hemos venido aprendiendo de nuestros derechos, ya sabemos cómo tenemos que defender. Así también ya no tienen el mismo miedo de antes (Entrevista Salomé Aranda, Lideresa kichwa de la zona de Villano, Pastaza, 02/06/18).

En octubre de 2013, las Mujeres Defensoras de la Selva marcharon desde la provincia de Pastaza a Quito, y pidieron ser recibidas por el presidente Correa para entregarle un Mandato. Poniendo en escena en la arena de lo público sus demandas ante el Estado (Cefaï, 2011), se situaron en distintos sitios de la ciudad, en los que reimprimieron sus repertorios de acción colectiva, dieron ruedas de prensa y entrevistas[12].

Esta marcha se efectuó después de un encuentro de mujeres de las nacionalidades indígenas de Pastaza, en rechazo a la XI Ronda Petrolera. Ellas denunciaron la inconstitucionalidad de los procesos de consulta previa del gobierno, rechazaron las concesiones en sus territorios y posicionaron su propuesta de Kawsak Sacha (selva viva), como modo orientador de vida que procura mantener las relaciones entre humanos, no humanos y espíritus, y que implica evitar que la selva se contamine y altere. Con ello, elevaron demandas cosmopolíticas en la esfera pública (Micoud, 2007 en Cefaï, 2011).

Las mujeres en encuentros y talleres a lo largo del decenio previo han discutido sobre los impactos del extractivismo y han perfilado una agenda organizativa de defensa territorial. Han efectuado recorridos ribereños (Yaku Chaski) por las cuencas del Bobonaza y Curaray alertando a las comunidades que visitan sobre los impactos del extractivismo petrolero en los bosques, los ríos y las afectaciones en los agroecosistemas. Han compartido formas de interacción y espacios de sociabilidad en torno a la toma de guayusa, que orientan tanto la vida cotidiana como la política.

 

Imagen 5: Yaku chaski en el río Curaray, realizado entre el 15 y 29 de febrero de 2016.

Fuente: Miriam García.

A inicios de 2018, ante la amenaza de una nueva ronda petrolera, varias lideresas de autoidentificación kichwa, waorani, sapara, shiwiar y shuar de Pastaza, miembros de las organizaciones mixtas NAWE, NASE, NASHIE, FICSH y Kawsak Sacha organizaron, el 8 de marzo, una marcha por el día internacional de la mujer y una Asamblea de mujeres del 9 al 11 de marzo en la ciudad del Puyo (Pastaza), en la sede de la CONFENIAE. En el encuentro también participaron mujeres siona, siekopai, kichwa de la Amazonía norte, y de la nacionalidad shuar de la Amazonía sur. Formularon al término del encuentro un Mandato al Estado constituido por 22 demandas.

En el mandato denunciaron los impactos socio-ambientales en la Amazonía norte y en el bloque 10 (provincia de Pastaza): contaminación de ríos, esteros y suelos, disminución de producción de cultivos, alejamiento de la fauna, afectación de medios de vida, incremento del consumo de alcohol y violencia de género. Exigieron al Estado una reparación integral, ambiental y social; así como, el reconocimiento y pago de la histórica deuda ecológica por daños socio-ambientales ocasionados a lo largo de décadas de operaciones de empresas concesionarias en la Amazonía norte y en las comunidades del bloque 10, en Pastaza.[13]

Las mujeres instan al Estado a revertir los contratos de concesión de la XI Ronda petrolera, rechazan nuevas licitaciones en el sur oriente y el cese de los proyectos mineros en la Amazonía sur. Exigen al Estado el cese de la criminalización de la protesta, así como la salida de militares y policías de territorios de la Amazonía sur (caso Nankintz y Tsuntsuim en Morona Santiago) para que familias expulsadas de sus territorios, retornen a sus comunidades.[14]

En su mandato, las mujeres de la Amazonía norte expresaron que las compensaciones económicas de las empresas extractivas no han mejorado sus condiciones de vida, y han ahondado las desigualdades de género, al controlar los hombres los recursos, sin que los destinen a necesidades familiares. Asimismo, las mujeres rechazan los procesos de consulta previa enmarcados en el Decreto 1247 de 2012, por no ser vinculantes, no haberse efectuarse con pertinencia cultural, ni lingüística. Ellas propusieron la realización de autoconsultas[15], en que cada pueblo tome decisiones respecto al extractivismo.[16]

El 13 de marzo de 2018, al término de la Asamblea en el poblado de Unión Base, se dirigieron hacia la ciudad de Quito para presentar al presidente Moreno su Mandato. El 22 de marzo fueron recibidas y al no ser sus demandas procesadas, efectuaron visitas en octubre de 2018 a la Defensoría del Pueblo, a la Comisión de Participación Ciudadana y Control Social, y a funcionarios de la ONU.

En noviembre de 2018 las mujeres se apostaron en la planta baja del Ministerio de Recursos Naturales No Renovables en la ciudad de Quito, para cuestionar al Ministro el anuncio de licitación de los bloques petroleros 86 y 87. En esta movilización, Nancy Santi, Kuraka (dirigente) del pueblo Kawsak Sacha, expresó: “yo vengo en nombre de mi pueblo, de mi naturaleza, de los supay (entidad), de los amos de los saladeros, del juri juri”. En estos lenguajes de movilización al enunciar a otros seres, en la palestra de lo político, su lucha adquiere dimensiones ontológicas.

Mediante dispositivos creativos (marchas, yaku chasquis, cantos, encuentros, uso de redes sociales) las mujeres amazónicas resisten a las fuerzas globales, que articulan sus territorios al Estado y al mercado (empresas transnacionales, corporaciones, organismos multi y bilaterales entre otros). Sus movilizaciones y prácticas, basadas en el lugar, enlazan dimensiones materiales y simbólicas e “involucran un conjunto interrelacionado de transformaciones alrededor del cuerpo, ambiente, y economía” (Harcourt y Escobar, 2005: 1). Sus acciones no solo “involucran resistencia, sino también reconstrucciones, reinvenciones, y relocalizaciones” (Harcourt y Escobar, 2005: 3).

Siguiendo a Cefaï (2011) se puede visualizar una multiposicionalidad en las redes de relaciones en las que se insertan las mujeres. Continúan con los anclajes de sus redes familiares, de sus comunidades y pueblos, a la vez que se articulan como red de defensoras en una interacción con mujeres blanco-mestizas activistas, tanto de Pastaza como de Quito y con lideresas andinas. Algunas mujeres manejan a la vez sus propias redes con aliados internacionales. Esta multiposicionalidad, les genera variados compromisos, lo que les permite un pluralismo de perspectivas. Si bien enuncian elementos relacionados con sus ontologías amazónicas, se abren, a nuevos lenguajes de movilización, relacionados por ejemplo con el cambio climático.

IV. Feminización de las luchas

          A la par de que enfrentan el extractivismo, las mujeres lideresas amazónicas perciben opresiones histórico-estructurales en sus propias culturas, como resultado de procesos en que han incidido distintos agentes coloniales (misioneros, ejército, funcionarios públicos, empresarios y técnicos, entre otros)[17]. Con sus reflexividades convergen con nuevos tipos de feminismo con base en la comunidad. Están repensando la historia y la cotidianidad para transformar los esencialismos étnicos (Cabnal, 2010), en el sentido de que no todo aspecto de la cultura favorece a las mujeres y no todo es armonía y complementariedad en las relaciones de género en sus comunidades. También generan reflexiones sobre las desigualdades existentes en la sobrecarga que tienen en los trabajos del cuidado.[18]

En las reflexiones que hacen las mujeres al interno de sus comunidades reconocen que en las distintas formas de colonialismo vivenciadas, se ha otorgado a los hombres indígenas ventajas sobre las mujeres. Los pactos patriarcales entre colonizadores/actores externos y hombres de las comunidades en la figura de kurakas (autoridad), cónyuges, padres u otros, les han oprimido y colocado en desventaja[19].

Las lideresas enfatizan en que pese a haber estado históricamente en diferentes “repertorios de acción colectiva” (Tilly, 1995) de defensa territorial ante distintas rondas de licitación petrolera, su participación quedó oculta “bajo fuertes liderazgos masculinos, en tanto las negociaciones políticas, la interlocución con los actores externos y el reconocimiento público estuvieron en manos de dirigentes varones” (Vallejo y García, 2017: 13). Desde el 2012 las mujeres amazónicas comenzaron a cuestionar el ventriloquismo político[20] en las organizaciones indígenas en la Amazonía, y el que los dirigentes hombres se hayan asumido como interlocutores válidos en la intermediación política con personeros del Estado, empresas transnacionales y otros actores (Viatori, 2008); es decir como intermediarios entre sus pueblos y la esfera pública (Segato, 2014). Distinguen que “hay jerarquías sociales superpuestas unas sobre otras fundadas en privilegios masculinos sobre las formas de organización social” (Galindo en Arellano, 2015), la toma de decisiones sobre las intervenciones del desarrollo en sus territorios y en el manejo de recursos económicos.

Es por esto, que ha sido difícil para las mujeres lograr una vocería propia, participar a nivel organizativo y político, y ocupar cargos dirigenciales relacionados con temas económicos y territoriales. A excepción de las organizaciones sapara, kichwa de Sarayaku, y de Kawsak Sacha, el acceso de mujeres a cargos directivos mayores (como presidentas, vicepresidentas u otros) es todavía incipiente.

En palabras de Nancy Santi, kuraka del pueblo kichwa de Kawsak Sacha y miembro de la articulación de Mujeres Defensoras de la Selva,

Desde muy joven me gustaba defender la naturaleza y nuestros derechos como mujeres porque veíamos que éramos muy calladas, discriminadas. Teníamos poca voz en las asambleas, pocas mujeres hablábamos y el resto nada. Eso me motivó para decir que no tenemos que ser así. Tenemos que participar, tener voz y voto en las asambleas, que nos escuchen los hombres y demostrar como mujeres indígenas que somos capaces de liderar un pueblo o una comunidad (Entrevista Nancy Santi, 17/03/18).

Las mujeres destacan que si la selva y los bosques aún perviven en la Amazonía, se debe, en gran parte, a sus acciones de defensa territorial desde décadas previas. Las mujeres explican su posición de defensa del territorio y la selva por el vínculo de correspondencia que tienen con la naturaleza, en dos dimensiones: por ser madres y por su responsabilidad en la gestión del cuidado[21]. Desde una auto-esencialización estratégica[22], las mujeres se atribuyen el papel de “defensoras de la pachamama (naturaleza)” y “guardianas de la selva”[23].

Habría que considerar los enlaces existentes entre la auto-esencialización que realizan las mujeres con respecto a sí mismas y la esencialización que realizan otros actores sobre el papel que ellas juegan en la defensa territorial. Las ONG entre los 90 y 2000 incidieron en una esencialización de las mujeres indígenas (Viatori, 2008), como custodias de la cultura y la lengua. En la actualidad, ONG ecologistas esencializan a las mujeres indígenas amazónicas como “guardianas de la selva” o “defensoras de la naturaleza” para catapultar su movilización política. En consonancia, se produce una auto-esencialización estratégica por parte de las mujeres para que sus voces sean escuchadas al interior de sus comunidades y organizaciones; para que el Estado les reconozca como interlocutoras y para acceder a recursos y financiar sus procesos organizativos y de movilización.

Cabe aquí profundizar en las conexiones mujeres-naturaleza que se gestan en la Amazonía. Desde vertientes del ecofeminismo, se ha planteado que esta conexión en los países del sur global es central, debido al funcionamiento de las economías domésticas en términos de aprovisionamiento de alimento, combustible, plantas medicinales, entre otros (Warren, 1997); también en el sentido de que cuando se degrada el ambiente y deterioran los suelos, las mujeres son las principales afectadas en sus medios de vida. Esto por ser quienes en función de los roles de género las responsables del acarreo del agua, del aprovisionamiento de biomasa como fuentes de combustible para la cocción de alimentos, y ser gestoras de los agroecosistemas que cultivan. Al contaminarse suelos, ríos y esteros sufren mayores dificultades para proveer de alimento e insumos a sus familias, teniendo que aumentar tiempo de trabajo o movilizarse a mayores distancias.

En otra perspectiva, las afectaciones en la naturaleza que se dan con las dinámicas extractivas (deforestación, contaminación de suelos y agua, pérdida de biodiversidad) y aquellas que pesan sobre las mujeres (violencia de género, sobrecarga de trabajo, desvalorización) se explican en términos de las formas de dominación que ejercen sobre ambas, el patriarcado y la colonialidad; así mujeres y naturaleza son vistas como expropiables, objeto de dominio y con menor estatus (Warren, 1997). De ahí que los planteamientos de las mujeres amazónicas de cuestionar el extractivismo, la violencia de género, el irrespeto a sus voces, converjan con los postulados de los feminismos decoloniales y comunitarios.

En base al énfasis que hacen las mujeres amazónicas en su conexión con la tierra, o Pachamama, legitiman sus luchas en los contextos extractivos. En sus enunciaciones manifiestan: “Si las mujeres no dejan entrar a las petroleras, no van a entrar”, “somos más luchadoras que los hombres”, “las mujeres somos valientes”, “tenemos más valor que los hombres”[24].

Las mujeres lideresas reflexionan que cuando alcanzan cargos dirigenciales, no se reconoce el valor de su gestión; su comportamiento es vigilado socialmente por las comunidades, a la vez que son celadas por sus cónyuges. Esto limita su participación en talleres y capacitaciones. Los dirigentes ven con recelo el despunte que han tenido las mujeres y temen que conformen sus propios espacios organizativos. Se revela en esto, “fundamentalismos culturales que ven en cualquier intento de las mujeres por transformar prácticas que afectan su vida, una amenaza para la identidad colectiva del grupo” (Hernández, 2017: 31). Un ejemplo de lo mencionado fue la intervención en marzo del 2018 del Presidente la CONAIE en la Asamblea de las Mujeres Defensoras de la Selva, quien enfatizó la lucha común de defensa territorial y solicitó a las mujeres no ser feministas[25]. Esto demuestra el intento de subordinar las demandas específicas de las mujeres.

Las mujeres perciben que la desigualdad en la participación organizativa y política tiene su origen en los roles asignados a ellas socialmente en la gestión del cuidado, lo que limita su desenvolvimiento en la esfera de lo público. El ocupar cargos dirigenciales, representar a las organizaciones de sus pueblos, y defender su territorio requiere cumplir con itinerarios hacia ciudades amazónicas, Quito (la capital) y otros países para participar en capacitaciones, talleres y eventos, lo que no pueden cumplir a cabalidad, al no contar con la corresponsabilidad por parte de sus conyugues y comunidades en el cuidado de los hijos e hijas, y en el mantenimiento de sus agroecosistemas y animales de crianza (aves u otros)[26].

Con la intervención de las compañías petroleras y mineras ingresan actores externos a sus comunidades (funcionarios, militares, policías, operarios), lo que genera en las mujeres sentimientos de inseguridad al verse expuestas a acoso y violencia sexual.[27] Sobre esto existe una memoria silenciada de abusos de parte de operarios de empresas y militares desde décadas previas en la Amazonía norte y en el bloque 10 en Pastaza. En el ámbito comunitario y familiar, las mujeres denuncian que sufren violencias física y psicológica; abuso sexual por parte de sus cónyuges y, además, que las niñas son objeto de violencia sexual en las escuelas. A la vez, sobre ellas se ejerce violencia patrimonial cuando sus conyugues les arrebatan fondos de políticas públicas (Bono de Desarrollo Humano[28] y Socio Bosque) que reciben[29]. La violencia de género por tanto es central en las preocupaciones de las mujeres[30], y temen se recrudezca si en sus territorios se asientan actividades extractivas.

La gama de posicionamientos de las mujeres, pueden ser vistos como una feminización de las luchas indígenas. Sin que esto signifique que se autodefinan como feministas, en parte porque no quieren que hombres de sus comunidades y dirigentes les increpen de dividir a los pueblos, crear organizaciones independientes o de quererlos dominar. Otras argumentan que entienden el sentido de las luchas feministas, valoran los aportes de sus reivindicaciones, pero prefieren marcar distancias con colectivos urbanos feministas cuando las posturas pierden de vista lo comunitario. Las mujeres sostienen que sus luchas de defensa del territorio y la selva, y las luchas contra la violencia de género no son solamente para ellas. Una mujer kichwa en un taller se autodefinía como “sumak kawsaycista, más que feminista”, que implica que su lucha es por la armonización de la vida, lo que incluye a grupos familiares y otros seres (no humanos y entidades).

Conclusiones

          Pese a los constreñimientos de género que enfrentan las mujeres indígenas amazónicas dentro de las estructuras organizativas de sus pueblos y nacionalidades, en la contemporaneidad reivindican su sitial histórico en la lucha de sus pueblos por la defensa territorial. Las mujeres consideran que han sido parte fundamental de los procesos de lucha de los pueblos y nacionalidades indígenas ante la ampliación y profundización extractiva por varias décadas, y que sostienen la resistencia hasta la actualidad.

Las mujeres amazónicas que se autodenominan Defensoras de la Selva, han adquirido un alto protagonismo en los procesos organizativos amazónicos conforme se ha tratado en este artículo, y a diferencia de otros momentos históricos, han adquirido una vocería propia, conformado alianzas entre mujeres de distintos pueblos y nacionalidades indígenas, sin necesariamente deslindarse de las organizaciones mixtas.

Las mujeres se han posicionado en contra del extractivismo petrolero y minero, al argumentar que son las que más perciben los impactos de la contaminación de suelos, fuentes de agua, y la pérdida de la diversidad de la selva, siendo sus cuerpos-territorio los más violentados cuando pierden su libre movilidad y son objeto de asedio por actores externos, o por parte de sus propios cónyuges cuando la violencia de género se incrementa en estos contextos.

Han posicionado sus voces frente a la política extractiva gubernamental y las estructuras patriarcales que les afectan a distintos niveles (comunitario, organizativo a nivel de pueblo o nacionalidad y en la interlocución con el Estado), incluyendo demandas de género en las agendas organizativas de sus pueblos. Así, sin que se definan como feministas, se está produciendo una feminización de sus luchas. Actualmente, en un contexto en que las políticas extractivas continúan, bajo formatos de un retorno hacia el neoliberalismo, las mujeres lideresas mantienen su articulación y prosiguen en la construcción de sus vocerías.

Notas de fin

[1] Otras nacionalidades indígenas en la Amazonía son: A ‘I Cofan, siona, siekopai, achuar y andoa. Además, de pueblos indígenas en aislamiento voluntario.

[2] En la Amazonía ecuatoriana difícilmente podríamos hablar de un movimiento indígena homogéneo. La Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (CONFENIAE), filial de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), articula y representa a organizaciones de los pueblos y nacionalidades amazónicos, que tiene a su vez su propia organización. En las coyunturas de mayor confrontación derivadas del avance del extractivismo han emergido organizaciones paralelas que intentan obtener recursos económicos y apoyos de parte de las empresas transnacionales y Estado.

[3] ONG ecologista que desde la década del ochenta acompaña a organizaciones indígenas y campesinas en conflictos socioambientales. Efectúa campañas en contra del extractivismo.

[4] El análisis de este proceso se hace a partir de una investigación entre 2014-2016 en el marco de un proyecto sobre Ecologías políticas de la diferencia en contextos extractivos en la Amazonía efectuado desde FLACSO Ecuador, y de una investigación de maestría en Estudios Socioambientales efectuada en el 2018 relacionada con mujeres indígenas y cambio climático, que discute la feminización y ecologización contemporánea de las luchas en la Amazonía.

[5] Funciona como una ONG, la cual está orientada a la construcción del Sumak Kawsay del Pueblo Kichwa de Pastaza, basado en la gestión sostenible de los territorios y los recursos naturales.

[6] Nos referiremos al patriarcado como una toma de poder histórico por parte de los hombres sobre las mujeres, elevado a categoría política y económica. Es un sistema que justifica la dominación sobre la base de una supuesta inferioridad de las mujeres, basada en lo biológico (Facio y Fires, 2005).

[7] En una sentencia emitida por la juez de la Corte Provincia de Pastaza en abril de 2019, ante una acción de protección interpuesta por tres mujeres waorani (Nemonte Nenquimo, Nihua Omanca y Huiña Omaca) y dos hombres (Gabriel Dica Guiquita y Memo Yahuiga), se reconoce que la consulta previa en el marco de la XI Ronda petrolera no fue apropiada, al no guardar correspondencia con los estándares internacionales y nacionales de derechos de los pueblos indígenas.

[8] Esto en el sentido de que se obviaron procesos de consulta previa en los proyectos mineros implantados en territorios indígenas.

[9] Fue dirigente de la Asociación de Mujeres Waorani (AMWAE), vicepresidenta de la Nacionalidad Waorani (NAWE) y es una de las mujeres miembro de la articulación de Mujeres Defensoras de la Selva.

[10] Hace más de 16 años actúa en defensa de los derechos de los pueblos indígenas de la Amazonía y protección de los territorios amenazados por proyectos extractivos.

[11] Las lideresas amazónicas tienen varias redes y aliados internacionales, entre ellos con: Amazon Watch, que trabaja en la protección de bosques tropicales y derechos de los pueblos indígenas en la cuenca amazónica; con WECAN (Women´s Earth and Climate Action Network), una red internacional de mujeres que busca soluciones al cambio climático; y, con es Rainforest Alliance que busca combatir la deforestación y el cambio climático, entre otras.

[12] Datos de diario de campo.

[13] Datos de diario de campo y de la revisión del documento del Mandato de las Mujeres.

[14] Datos de diario de campo. Observación participante en Asamblea de Mujeres Defensoras de la Selva (9-11, 03, 2018, Unión Base).

[15] En ciertos pueblos los mecanismos son asamblearios, en otros son a nivel de grupos familiares. En otros casos la orientación de los ancianos y ancianas son fundamentales. Hay decisiones que se adoptan a partir de lo que se sueña en el mundo de lo onírico, o a través de la ingesta de alucinógenos.

[16] Reflexiones al respecto fueron efectuadas entre las mujeres lideresas y miembros de Amazon Watch que acompañaron la Asamblea de las Mujeres Defensoras de la Selva (9-11, 03, 2018, Unión Base).

[17] Taller IQBSS, 2018

[18] Reflexiones al respecto se efectuaron a lo largo de los tres talleres realizados por el IQBSS.

[19] Entre los pactos patriarcales mencionan el caso de los bogas, quienes eran indígenas o mestizos militares, que ejercían violencia sexual sobre las jóvenes mujeres y estas debían guardar silencio. Los los jefes políticos y los padres no reaccionaban por temor a represalias. Situaciones así fueron vivenciadas en Canelos, Sarayaku, Pakayaku y Montalvo donde había bases militares entre los años 1950-1980 (Taller IQBSS, 2018).

[20] Guerrero (1994, 242) conceptualiza “ventrílocuo es un intermediario social que conoce la semántica que hay que poner en boca de los indígenas, que sabe el contenido, la gama y el tono de lo que el estado (…) quiere y puede captar”.

[21] Datos de diario de campo. Asamblea de Mujeres en Fátima 2015. Observación participante en Asamblea de las Mujeres de Mujeres Defensoras de la Selva, en Unión Base 2018. Entrevistas con mujeres lideresas sapara, kichwa y waorani en 2018. Planteamientos similares fueron registrados en los talleres del IQBSS.

[22] La esencialización deviene de actores que crean representaciones de los sujetos subalternizados. Por su parte, la auto-esencialización según Spivak (1994) puede tener un sentido estratégico de los subalternos frente a los discursos coloniales. Siendo así, el identificarse como “las guardianas de la naturaleza” les permite posicionarse de forma contenciosa frente al Estado y las transnacionales, mientras les genera aliados en el marco del ambientalismo global.

[23] Frases en que se reconocen a sí mismas, tomadas de intervenciones de las mujeres en sus marchas hacia Quito, en 2018.

[24] Datos de Diario de Campo. Observación participante en Asamblea de Mujeres Defensoras de la Selva (9-11, 03, 2018, Unión Base).

[25] Datos de Diario de Campo. Observación participante en Asamblea de Mujeres Defensoras de la Selva (9-11, 03, 2018, Unión Base).

[26] Nos referimos a los trabajos del cuidado, a todo aquello relacionado con la preparación de alimentos, limpieza de la casa, crianza de los hijos e hijas, atención a mayores y enfermos, entre otros. Este tema se expresó por parte de las mujeres en Talleres del IQBSS y en la Asamblea de Mujeres Defensoras de la Selva.

[27] Datos de Diario de Campo, 2018.

[28] Transferencia económica que reciben mujeres consideradas bajo el umbral de la pobreza.

[29] Taller IQBSS, 2018.

[30] Taller IQBSS, 2018.

 

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Para citar este articulo

Andrea Bravo Aguilar et Ivette Vallejo Real, « Mujeres indígenas amazónicas. Autorepresentación, agencialidad y resistencia frente a la ampliación de las fronteras extractivas», RITA [en linea], N°12 : septembre 2019, mis en ligne le 12 septembre 2019 . Disponible en ligne http://revue-rita.com/dossier-12/mujeres-indigenas-amazonicas-autorepresentacion-agencialidad-y-resistencia-frente-a-la-ampliacion-de-las-fronteras-extractivas-andrea-bravo-ivette-vallejo.html